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4 a.m.

me despierto ronroneando tu nombre tu boca, tus dientes, tu camisa verde cuadrillé me estiro toda sobre mis pensamientos doy vueltas y maúllo agudo un colectivo irrumpe desde afuera e ilumina mi habitación a través de la cortina quiero dormir antes de que amanezca entonces decido tres cosas, uno: hoy no me castigo más, dos: ahora pertenecés a mis recuerdos, tres: pronto vas a volverte olvido, tres bis: para siempre o quizás hasta mañana cierro los ojos sueño cosas que no entiendo doy vueltas ronroneo, de nuevo, tu nombre esto es un ejercicio de olvido que consiste en tres simples pasos uno: te pienso varias veces dos: me estiro toda tres: me perdono y sigo.

Ella nunca se discontinúa

Entra una cucaracha a casa. La veo en el apoyabrazos del sillón y pego un salto. Es enorme, es de las que te cruzás de noche en el verano por la calle, que tienen sombra, que son tan grandes que parecen un animal. La miro desde la otra punta del living, ¿qué hago? No me animo a matarla, me da impresión, es asqueroso. Peor aún: si fallo puede volar no sé adónde. Del sillón pega un salto al piso, y yo otro más para atrás. Qué boluda, cómo no compré Raid. Pienso en tocarle el timbre al vecino para pedirle prestado veneno. No, es ridículo. Abro el grupo de Whatsapp de mis amigos, "hay una cuchara infinita en casa, ayuda".  Blas dice que prenda fuego el sillón, Diego que tire laurel para espantarla. Corro a la cocina, agarro el frasquito. Parto las hojas y hago una barrera que separa el lado de la cucaracha, que incluye la ventana, del mío. Lucía pregunta si mandé fotos, que no quiere verla. Estoy tan nerviosa que le hago zoom a la cucaracha y mando la foto. Es que leí mal. El bic...